El Blog de María Durán

La historia de Raquel

La historia de Raquel

Raquel había venido sufriendo intensísimas neuralgias del trigémino que estaban convirtiendo su vida en un infierno. AI punto de que los intensos e inaguantables dolores la acabarían llevando al hospital donde, sedada por potentes drogas, pasó días y días

Se buscó entonces un posible un tumor cerebral, que las pruebas descartaron. Más tarde buscaron en la Psiquiatría el origen de los dolores y un posible tratamiento, pero no se obtuvo tampoco resultado. Y en aquella angustiosa situación se encontraba cuando una amiga suya de gran intuición la sorprendió un día con una afirmación rotunda: “la sangre debe estar intoxicada por mercurio“.

Las pruebas que se realizó entonces confirmarían el diagnóstico.

Raquel había sufrido graves problemas en su infancia que la llevaron a perder casi toda la dentadura debiendo reemplazarla con empastes y aparatos metálicos. Y el tiempo había terminado por diseminar el mercurio de las amalgamas hasta su sangre. Sin embargo, saberlo no le sirvió de gran cosa porque los médicos, una vez más, le dijeron que no había nada que hacer. Alguno llegó incluso a insinuarle que debería estar lista para algún inevitable trasplante si el mercurio se depositaba en un órgano vital.

Afortunadamente Raquel tampoco se conformó esa vez con la respuesta médica habitual a buena parte de las enfermedades. Fue al dentista, pidió que la quitaran todas las amalgamas y aparatos metálicos que llevaba en la boca y las sustituyó por piezas de circonio. Y de forma paralela comenzó un lento pero progresivo proceso de desintoxicación con homeopatía y otros tratamientos alternativos. Hasta que, llegado un momento, su mejoría pareció detenerse.

Continuó buscando cómo seguir con la limpieza de su sangre y averiguó entonces que en la conocida Clínica Mayo de Estados Unidos estaban aplicando con buen resultado un tratamiento para desintoxicar la sangre que combinaba calor y una fibra de cerámica capaz de emitir rayos infrarrojos. Muy poco después la casualidad, para quien crea en ella, haría que llegara hasta sus manos información sobre una tecnología japonesa que mejoraba incluso los resultados obtenidos en Estados Unidos. Y después de hacer cálculos se decidió por adquirir una cápsula japonesa que consistía en una combinación de sauna individual -aunque sin las altas temperaturas de esta- con revestimiento de fibra de cerámica infrarroja para instalarla en el centro de terapias alternativas que había abierto recientemente en Madrid.

De esa manera podría tratarse ella y dar la oportunidad a otras personas de acceder a este novedoso aparato tecnológico de vanguardia.

Una vez instalado aquí su mejoría se hizo pronto evidente ya que la sangre siguió desintoxicándose. Y todo lo que tuvo que hacer fue someterse a una sesión de calor seco y rayos bioinfrarrojos a diario.