El Blog de María Durán

Las contracturas musculares

Las contracturas musculares

Si tuviésemos que hacer una analogía sobre los músculos podríamos decir que son la sala de máquinas del cuerpo. Ahí es donde se produce el movimiento. El esqueleto es, sin duda, la estructura de nuestro cuerpo, el sistema circulatorio distribuye la energía necesaria. El cerebro y el sistema nervioso dirigen la inmensa e intrincada orquesta del cuerpo. Pero a la hora de ponerse manos a la obra, el cuerpo humano es cuestión de músculo. Más de seiscientos órganos de tejido blando encargados de que no falte la acción y un enemigo natural para ellos: las contracturas musculares.

A los romanos los músculos, al contraerse, les evocaban la forma de un pequeño ratón (de ahí el término mus). Quizás la metáfora nos queda un poco lejos pero dependemos de esos pequeños roedores de nuestro cuerpo para todos nuestros movimientos y todos nuestros esfuerzos físicos, incluso para los menos visibles. Una sesión de trabajo de oficina, sentados, delante de una mesa y un ordenador, puede ser agotadora para algunos de nuestros amigos.

¿Cómo trabajan los músculos?

El funcionamiento de los músculos se realiza mediante contracción y dilatación. Cuando un músculo se sobrecarga se produce el fenómeno denominado contractura, una dolorosa lesión que produce la limitación del movimiento. Una contractura provoca la contracción involuntaria del músculo. La contracción provoca un abultamiento del músculo, de ahí que las contracciones se pueden apreciar mediante el tacto.

Las contracturas se producen por un sobreesfuerzo del músculo afectado. Para que se produzca ese sobreesfuerzo no es necesario que haya un exceso de ejercicio, en absoluto. Una de las funciones de los músculo es la de mantener la postura del cuerpo, de modo que una prolongación excesiva de una determinada postura puede ocasionar una de estas incómodas dolencias. Hemos hablado del esfuerzo muscular que implica, por ejemplo, el trabajo de oficina, pero también una mala postura durante el descanso puede provocar una contractura muscular. Incluso cuando nosotros dormimos, ellos están trabajando.

¿Cómo se producen las contracturas musculares?

Realizar un ejercicio demasiado repetitivo o forzar al músculo a mantener una posición determinada durante un tiempo muy extenso son probablemente las causas más frecuentes para una contractura muscular. Las piernas, los brazos, los hombros y la espalda son algunas de las zonas más afectadas por este tipo de lesiones. En el caso de las contracturas de espalda el músculo, al contraerse, puede presionar la arteria, disminuyendo el ritmo arterial. El defecto en el riego hace que el músculo se vuelva más frágil y, por tanto, más proclive a las contracturas. Dicho de otra manera, una contractura puede causar contracturas.

Evitar las contracturas. Sanar las contracturas

Para evitar las contracturas es necesario mantenerse hidratado a la hora de hacer ejercicio.

Algunos de los remedios para aliviar las contracturas son los masajes, los baños con sales o la hidroterapia. Los masajes favorecen la tonificación muscular por lo que no sólo resultan beneficiosos para aliviar las contracturas, sino que también son una buena herramienta para prevenirlas. En cuanto a los baños con sales o la hidroterapia (complemento ideal a un buen masaje descontracturante) basta señalar que dos tercios de nuestros músculos son agua. Es bueno dar de beber a esos pequeños roedores.

Si sufres una contractura recuerda actuar con precaución. Un remedio inadecuado puede provocar que la lesión se agrave y el dolor aumente. Por ejemplo, en el caso de los masajes, realizar un masaje inadecuado puede ser contraproducente por lo que es recomendable acudir a un profesional para identificar de qué tipo de lesión se trata y actuar conforme a ella.

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