El Blog de María Durán

Los clúster o supermoléculas

Los clúster o supermoléculas

El secreto está s en entender la importancia que tiene el agua en nuestras vidas.

En la vida microscópica, cuando el agua está limpia, fluye libremente crece la vida; cuando se estanca y se acumulan los residuos contaminantes llega inevitablemente la muerte. Y lo mismo ocurre con nuestra “agua interior“. De ahí la importancia de que nuestras células estén rodeadas de agua pura. El agua madre de donde las células obtienen sus componentes nutricionales en forma ionizada.

Sin embargo, las moléculas de agua, por su peculiar constitución atómica, pueden convertirse en imanes capaces de adherir las moléculas de los productos contaminantes que continuamente nos asaltan. Las partes positivas de la molécula atraen a las negativas de otra molécula y viceversa, con lo cual se forman “racimos” de moléculas de agua denominados “clúster“.

Pues bien, con la presencia constante en nuestros organismos de gases metales y otros componentes tóxicos –presentes cada vez más en nuestra vida diaria- sus moléculas terminan agregándose a estos racimos dificultando finalmente nuestras funciones metabólicas:

Por un lado, los componentes transportados por el agua quedan bloqueados en el “cluster” lo cual dificulta la alimentación y eliminación de desechos celulares.

Por otro, los “cluster” son macromoléculas que no pueden traspasar la membrana celular de manera fluida por lo que los iones o cargas eléctricas tampoco pueden intercambiarse alterándose la función bioeléctrica celular. Y la formación de un “cluster” origina un aumento del volumen y una disminución de la densidad lo que provoca una menor adhesión de líquido intersticial (el agua madre) a la membrana plasmática v, consecuentemente, una disminución en el trasvase del Ca++ (calcio) al interior celular.

Una de las maneras más sencillas de romper los racimos es hacerlos girar para conseguir su desunión, siendo un buen método aplicarles a nivel atómico un determinado impulso energético.

En la molécula de agua sabemos que continuamente se producen unos complejos movimientos de rotación y vibración en varios planos. responsables de sus características fisicoquímicas. Y que para que se produzcan esos movimientos es preciso captar una energía muy precisa. Pues bien, según la denominada Ecuación de Planck esa energía sólo puede ser suministrada por el efecto de una radiación de entre 4 y 14 micras, ¡Precisamente la longitud de onda del bioinfrarrojo que emite la fibra de cerámica!

En suma, el agua de nuestro organismo, bajo la sacudida de esa energía. Va disgregándose en racimos moleculares más pequeños aumentando así su fluidez y mejorando sustancialmente los intercambios extracelulares. Y al mismo tiempo se produce una activación celular que fortalece el sistema microcirculatorio, fundamental para un adecuado equilibrio metabólico. Los nutrientes ingeridos que nos proporcionan la energía y sostienen nuestras vidas son así absorbidos con mayor facilidad ya que el transporte de nutrientes en el cuerpo depende de la correcta circulación de la sangre. Cuando el sistema circulatorio mejora bajo la influencia de rayos bioinfrairojos, los efectos resultantes a nivel microscópico y de los que hablamos anteriormente se transforman en beneficios visibles en nuestra salud.